Una imagen, una historia #4

—¡Quiero esa consola, papá! De lo contrario, lloraré y no pararé hasta tenerla.

Aquel hombre trajeado parecía angustiado por la actitud de su hijo de 9 años. No sabía qué hacer o decir para calmarlo y que la muchedumbre de la calle cesase de observarlo con mirada acusadora. Si cedía, su hijo ganaba; si se enfadaba, daría muestras de ser un padre autoritario ante el gentío. De modo que lo agarró por el brazo y se lo llevó entre sollozos.

Tras pocos metros el niño frenó en seco sus pasos y se quedó observando a un señor tirado en la acera con un cartel que decía: “tengo de todo, sólo necesito para comida”. El joven se quedó contemplándolo mientras su padre, al ver el descaro con el que lo miraba, espetó:

—Vamos, deja a ese pobre hombre.

Sin embargo, aquel individuo extraño respondió:

—¿Cree usted que yo soy el pobre aquí?

—¿Disculpe? —Preguntó con voz desafiante.

—Yo tengo lo que necesito, pero veo que ustedes han invertido la frase: ustedes necesitan lo que no tienen. Y me temo que eso es imposible de cambiar. —Rió.

—Está usted loco. —Dijo el hombre trajeado a la par que se giraba dispuesto a marcharse.

—Así es. Y puedo disponer de cuanta locura desee… es gratis. Sin embargo, ¿dispone usted de todo el dinero del mundo para seguir buscando la felicidad en lo que no tiene? Ese virus del cual es usted portador, se lo ha inoculado a su hijo. Pregúntese si desea que él sienta lo que usted siente ahora o si por el contrario, con locura o sin ella, preferiría que sintiese lo que yo.

Aquel padre se detuvo durante unos instantes… pero enmudeció. Sabía que lo que acababa de escuchar era cierto.

 

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