Una imagen, una historia #2

Lloraba amargamente la muerte de su hermano. No sabría decir cómo iba a ser su vida a partir de ahora, echando en falta a quien siempre estuvo a su lado. Tal fue su dolor que sufría que la Muerte se apareció de improviso cuando ella recordaba viejos tiempos con él.

—¿Deseas que viva? —Preguntó con una voz de ultratumba.

Ella no la esperaba, de modo que se hizo hacia atrás mientras temblaba atemorizada.

—Soy la Muerte y a la vez el Guardián del Tiempo. Puedo ser tu fin y tu nuevo comienzo. Ahora dime, ¿quieres que lo devuelva a la vida?

La joven no hacía más que recordarlo con ternura y de cómo se despidió él antes de partir hacia la batalla de Nightarm, para luchar contra el ejército de Acero Templado. Pero nunca volvió.

Ella, sin conocer el precio de tal ofrecimiento, se mantuvo dubitativa. Sin embargo, el extraño ser volvió a hablar.

—Puedo hacer que vuelva. Cada día que permanezca a tu lado, tú vivirás dos días menos. Ahora contesta, ¿deseas que lo traiga de vuelta?

La espada que portaba la criatura comenzó a arder en llamas dispuesta a librar su magia nigromántica. La joven aún no sabía qué hacer.

Finalmente se negó. No por sí misma, pues habría contestado lo mismo aun sin precio que pagar. Pero prefería que su hermano descansara con los Dioses antes que traerlo de vuelta al dolor terrenal. La Muerte despareció y ella continuó su proceso de duelo.

Siguió llorando amargamente hasta que en la nada se consumió. Fue entonces cuando pudo encontrar la paz.

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