Una imagen, una historia #1

Él estaba cansado de luchar contra el mal, agotado por la imposibilidad de ir contra todo aquello que asolaba este mundo. Hacía ya tiempo que se erigió como el mayor luchador de entre los paladines de su orden. Gadrick, el infeliz… así lo llamaban y recordarían para la posteridad. Pues sus batallas parecían eternas y, cuando creía haber reducido una porción del mal, estas fuerzas parecían reproducirse diezmando a las del bien. Jamás hallaba consuelo en sus cometidos, pues no podía descansar pensando que todo había empeorado tras su victoria.

Pero un día decidió no seguir siendo aquel ser triste incansable e insaciable de persecución contra el mal. Tras su última contienda, y viendo que su compañero lo había traicionado minutos antes de que tuviera que acabar con él, se levantó del suelo, apuntó con su arma al cielo cual ángel caído, y advirtió al mundo de su única y gran derrota.

Había sucumbido al horror y al deshonor harto de intentar combatirlo. No lo pensó más y abandonó aquellos lares con celeridad antes de ser desterrado por los lugareños.

Por una vez, el mal había conseguido una enorme victoria.

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